Paz para Paz

Después de un relámpago de metales,

un eclipse roba el brillo de sus ojos,

palidecen los sentidos,

la carne ya no será más esclava de dolor.

El destino es un callejón sin salida

y esta vez cobra su deuda con espanto,

miramos al cielo preguntando por qué,

y los dioses en sus templos esconden la cara.

Para nosotros es hora del desamparo,

el fin de su presencia y el vacío en la casa,

ancladas quedan a la tierra dos jazmines,

mas viudo el corazón que amaba tanto.

El silencio sucumbe al desahogo,

es el día de lágrimas negras,

el murmullo de lágrimas al ocaso,

lágrimas que lloramos a caudales.

El consuelo dirá que duermes con las estrellas,

y que cantas melancolías al lucero de la tarde.

que estarás recitando versos a la luna nueva,

o de la mano danzas rondas con los cometas.

A la ronda,

a la ronda ronda niña mía.

(hija, hermana, madre, compañera, amiga, esposa)

A la ronda de corazones desolados,

a la ronda ronda niña mía,

a la ronda….

Por un instante, Paz, abre tus párpados,

y ven a contarnos cuentos de hadas esta noche,

ven sembrar de pétalos el camino de piedra,

ven con tu breve risa desde el tiempo infinito.

Escucha dolencias,

plegarias de antorchas,

aquí las flores perfumadas,

que iluminen el largo viaje.

El viento en la nieve lava tus cenizas,

más el tiempo no disipa las penas,

cierra tus ojos, duerme el dulce sueño,

adiós Paz, nosotros velaremos tu recuerdo.

ARTE POETICA (Colach)

El verso baja como un torrente arrastrando:

un olmo seco que se escapó del carpintero;

marineros que besan y se acuestan con no se quien;

mozuelas que no eran tales;

suspiros que van al aire…¡obvio!

detectives perdidos en la ciudad;

que no saben de tácticas y estrategias;

…y hay musas dueñas del insomnio:

Julieta de la muerte,

Isolda, primer amor,

Dulcinea de la tristeza,

Rosario del capitán, etc.

Todas iban a ser reina.

Yo les compraba perfume

para que otros les corran mano a las 18:00 hrs.

En fin, así es la nueva moda.

Con su permiso, ahora puedo decirle a MI Matilde,

¡basta de esconderse como una luna negra!

y no se ofenda si le digo en público,

que ya no importa si sus tetas con el culo no rimen,

igual en esta época de farándula, todo es cancha.

A media voz

 

En tus labios se esconde el rumor de las olas,

y el murmullo de tu cuerpo busca en secreto la brisa,

cuando vienes detrás de la primavera, a mi huerto,

silenciosa, pequeña, como una estrella fugaz,

salpicando de nuevos brotes este amor que te extraña.

 

Yo me cubro de pastizales para verte la más bella,

y acariciar tu aroma lejano con mi beso candoroso,

ávido de buscarte en la súbita noche sin lucero.

 

Voy a cruzar el valle de tu figura

con todos mis dedos como una bandada de pájaros

igual si pintara la luna con el brillo de estos jazmines.

 

Mi recuerdo te busca en lo más hondo del viento sur,

como una nota sumergida en el regazo de un violín.

 

Y quiero que vengas a la primera sed,

desesperada,  adormecida, a la estirpe de mis manos,

temblorosa como una gota de lluvia que cae a mi piel.

Amanece Santiago invernal

 

En la ciudad que amanece y el cielo oscuro que agoniza,

incontenibles, los rayos australes vuelan sobre el paisaje,

persiguen a muerte las últimas estrellas rezagadas.

 

Abstractos los ojos se pierden a lo lejos,

en las crestas entumecidas de la cordillera

y en la escarchada roca que alimenta el río.

 

Bajo el horizonte variable de aquel muro,

se levantan los habitantes del cemento,

hijos de las jornadas y de la polución contagiosa.

 

Sobre las cumbres definitivas,

resabios del frío boreal petrifican la lluvia.

Un gélido velo blanquea los prados,

destiñe pétalos de rosales.

Yo juego con el vaho de mi aliento,

disperso a mi paso las hojas muertas

y el rocío en la cara sorprende la mirada perdida

en sueños de alcoba clandestina,

despierta el corazón impaciente de besos.

 

Es mi antojo que pretende su aposento

y mi razón no conoce de más nada.

Nada de ti

…y un día que no recuerdo,

te llevas contigo la lluvia,
los soplos de nubes flotando en el tiempo.

Yo adoraba tus ojos húmedos de distancia
y me aferraba a ellos como la única balsa,
en un albedrío de ansiedades todos los días.

Las hojas muertas supieron de mi vagancia
buscándote entre las estrellas rotas.

Pregunté con insistencia al lucero errante:
¿Donde estarás ahora, mi luna apagada,
que mis años cansados te reclaman?

¿Recordarás mi nombre acaso
después de tanto acariciar el calendario?

El beso que me debes

 

Amor, que se derrite en lágrimas.

Ahí viene otra vez la pena celosa,

como larga espina de hielo,

en la desvelada noche,

a lo más vehemente de los sueños.

 

Cerrándose como un quejido,

extinguiéndose como una sombra.

Es tu beso secreto

recogido en su mortaja.

 

Viene con lastimero pánico,

hacia la arena nocturna,

a mi boca acantilada,

escondido como un susurro,

como manantial de tus labios,

dormido en una espiga,

en la antesala de tu vientre,

como un olvido en la almáciga tierra.

 

Breve como un eclipse,

rompiendo en tu indómita boca.

Un vendaval sobre mi cuerpo,

a veces quieto,

como una nave a la gira,

esperándote en Santiago.

 

Es tu beso infinito,

agua de vertiente sonora

que mis labios enfermizos desean.

Antes

¡Si me amas! Pregunté a las cuatro esquinas

y el eco respondió a falta de tus labios vivos.

 

Pero no quiero tu mirada extraña,

ni un amor de sueños fundido en la escarcha.

 

¿Me amas? Dímelo antes del canto de los grillos,

antes que la noche se encoja en un capullo,

o que otros besos no dejen recalar los tuyos.

 

¡Dime si me amas! Dímelo antes del silencio,

antes que los zorzales arrullen al lucero,

antes que tu aroma alcoholice mi sangre

o que la noche me ahogue en desvelos.

 

No quiero dormirme en la duda

cuando asome la luna nueva, por eso dímelo antes.

No esperes que la niebla borre las estrellas

o que te lo exijan este domingo las campanas.

 

No quiero esperar el sepelio de las hojas

cuando el próximo soplo las desgarre de las ramas,

quiero saberlo antes del llanto de las nubes,

antes de la canción de lluvia en mi ventana.

 

¡Ámame! Dímelo antes del perfume otoñal,

antes que vuelvan a derretirse las montañas,

antes de los gladiolos y los jazmines.

 

¡Que me amas! ¡Dime que me amas!

antes que en tu baúl se destiñan mis versos,

antes que mi piel se convierta en harapos,

antes que tus lágrimas por mi se vistan de luto.

 

Dímelo antes que mis huesos duerman desnudos.

Lloraré palabras

 

Hay en mi boca una palabra escondida
que busca bañarte toda de versos,
allí está, aún enmudecida esperando volar
a tus manos cerradas de improviso.

Esa palabra es como el trigo en las espigas
que espera a que despierten las vertientes,
después las lloraré a caudales todas las que te debo
y se multiplicarán en hogaza de inéditos cristales.

Algún día mi amor por ti se vestirá de armadura.
Derrumbaré el muro que levanté cuando de ti ya no hubo sombra,
entonces caminaré entre las espinas sin miedo,
desde el primer beso de octubre hasta tus ojos vacíos.

(A veces – como hoy – cuando la lluvia cae,
pregunto a los sueños si aún bailas conmigo,
o si dejaré de amarte, o si tan sólo hay para mi
una lágrima tuya que busque mis labios como antes,
pues una noche has girado como un cataclismo universal
y el lucero que ayer brillaba con tus besos,
triste entre las constelaciones ya no puede llorar más.
…más tu, sigues como una luna negra que no puedo hallar)

Por ahora, sigo amándote en el rio infinito,
con las pupilas clavadas en las últimas estrellas,
acariciado por el frío recuerdo de la mañana,
esperando a que las primeras brisas primaverales
hagan brotar los versos contenidos bajo la tierra.