Después de un relámpago de metales,
un eclipse roba el brillo de sus ojos,
palidecen los sentidos,
la carne ya no será más esclava de dolor.
El destino es un callejón sin salida
y esta vez cobra su deuda con espanto,
miramos al cielo preguntando por qué,
y los dioses en sus templos esconden la cara.
Para nosotros es hora del desamparo,
el fin de su presencia y el vacío en la casa,
ancladas quedan a la tierra dos jazmines,
mas viudo el corazón que amaba tanto.
El silencio sucumbe al desahogo,
es el día de lágrimas negras,
el murmullo de lágrimas al ocaso,
lágrimas que lloramos a caudales.
El consuelo dirá que duermes con las estrellas,
y que cantas melancolías al lucero de la tarde.
que estarás recitando versos a la luna nueva,
o de la mano danzas rondas con los cometas.
A la ronda,
a la ronda ronda niña mía.
(hija, hermana, madre, compañera, amiga, esposa)
A la ronda de corazones desolados,
a la ronda ronda niña mía,
a la ronda….
Por un instante, Paz, abre tus párpados,
y ven a contarnos cuentos de hadas esta noche,
ven sembrar de pétalos el camino de piedra,
ven con tu breve risa desde el tiempo infinito.
Escucha dolencias,
plegarias de antorchas,
aquí las flores perfumadas,
que iluminen el largo viaje.
El viento en la nieve lava tus cenizas,
más el tiempo no disipa las penas,
cierra tus ojos, duerme el dulce sueño,
adiós Paz, nosotros velaremos tu recuerdo.